La feria de los enanos
Pasean de caseta en caseta,
felices por este domingo inusual,
nadie les mira hacia abajo, no hay desdén
en los ojos claros, ni en las frentes altivas,
ni los rostros sombrios... pasean por la feria
cogidos de las manos, enamorados,
ella ruborizada por el ramo de flores
que él le ha regalado, él con la esperanza
de que volará la cabeza de los muñecos
con la escopeta apoyada en la barra
de hojalata: quiere cazar para su chica
cuarentona la muñeca de cristales en los ojos,
de plástico rosado, cubierta por un vestidito
de topos rojos sobre fondo blanco.
Pasean todos, con el corazón henchido
por la música restallante que acompaña a la noria
a dar sus giros como si fuera una loca,
feria de mayo, de cualquier pueblo asentado
a los pies de un profundo bosque: los enanos,
contrahechos, los monstruos de las paradas,
tienen su día de fiesta, su tarde enrojecida,
acaramelada... Ah no! Por Dios, no es así:
ellos son, de la feria los reclamos, las burlas
y las mofas, los causantes de las risas,
de que los seres que les miran desde arriba
inunden su corazón en alegría por unas horas,
tras el trabajo, sábado,
antes del trabajo, lunes, maldito lunes!
Los enanos son solo esclavos: los muñecos
de la caseta a los que se les puede volar la cabeza.
Los paseantes, también son solo esclavos...
con un día de asueto.

Dibujo de James G.Mundie, realizado a una mujer nacida con una marcada deformidad.



