La agonía
En voz masculina.
Que dulce esa agonía que cae sobre mí
cual nieve navideña en plena luz del día,
que suaves sus dolores, que tiernos esos copos
que blanquean todo el pueblo, el alma me congelan...
que hermoso ese sueño preñado de cantares
de alados serafines, las gratas criaturas
bajadas desde el cielo, cobrizo, acerado,
en ese cruel invierno... que suave ese latir
que casi ya no late, la visión no discernible
de mis ojos que se entregan,
mientras los niños de las calles
desgranan villancicos para que a las familias
sentadas a la mesa, henchidas de alegría,
a Diós le dén las gracias por seguir todos unidos
sin que ninguna silla reste ante ellos vacía...
ésa es también mi alegría, tendido en la cama
mortuoria, envuelto en viejas sábanas,
completamente solo en el cuarto donde un día
me viera arrojado del seno de mi madre,
llegué para vivir, llorando cual si me fueran a matar,
y ahora me voy para morir, sonriente
como si alguien la vida me hubiera regalado...
Que hermosas esas voces blancas
que de la mano me acompañan
hacia el trance de la muerte, son bellas,
precioso madrigales, las ultimas caricias
en esa pulcra Navidad que cierra orando:
Requiem Cantim Pace... Jesús carnal!



